Está el fuego, lo inesperado, lo
irracional y el desorden.
Y luego está la calma, la rutina, la
razón y un corazón con latidos regulares.
Mirada hambrienta que se enfrenta a una
dulce.
Largas tardes de domingo o largas
noches de sábado.
Besos frenéticos o caricias en el
cuello.
Mi antónimo o mi sinónimo.
Lo correcto sería elegir la calma, lo
estable.
Pero a veces hay que hacer lo que los
demás nunca esperan.
Elijo lo raro, lo inesperado, lo nuevo,
lo difícil, lo que no sé si tendré.